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La pena de muerte pierde terreno

Pese al aumento en el número de ejecuciones, el informe de Amnistía revela que cada vez son menos los países que recurren a ella. La pena de muerte tiene las horas contadas. Cada vez son menos los Estados que hacen uso de ella para castigar los delitos más graves. Así lo revela el  el último informe de Amnistía Internacional sobre la aplicación de la pena capital en el mundo durante 2008.

Según cifras recopiladas por la organización internacional, 2.390 personas fueron ejecutadas en 2008, 1.252 más que en 2007. Y otras 8.864 fueron sentenciadas a muerte frente a las 3.347 del año anterior. De los 25 países que aplicaron la pena máxima durante 2008, China fue el más prolífico. Aunque estos números indican un incremento global en el número de ejecuciones, la secretaria general de AI, Irene Khan, asegura que hay motivos para ser optimistas. "Las buenas noticias son que las ejecuciones sólo son llevadas a cabo por un reducido grupo de países, lo que demuestra que estamos avanzando hacia un mundo libre de pena de muerte", ha dicho.

Así, AI aplaude que sean sólo 59 los países que siguen incluyendo en sus leyes la pena capital, y menos de la mitad recurrieron a ella en 2008. Khan proclama, rotunda, que la lapidación, la decapitación y la muerte por descargas eléctricas "no tienen espacio en el siglo XXI".

La responsable de AI subraya decisiones como las de Argentina o Uzbekistán, cuyos gobiernos abolieron en 2008 la pena de muerte. También el hecho de que Estados Unidos haya ejecutado únicamente a 37 reos, la cifra más baja desde 1994. En Europa, sólo Bielorrusia mantiene en pie el castigo. Cuatro personas fueron ajusticiadas en ese país el último año.

Asia Central, según la responsable de Amnistía, es otra zona geográfica del planeta que avanza hacia la abolición plena. "Asia Central es virtualmente una zona libre de pena de muerte, después de la decisión de Uzbekistán".

China lidera las muertes

Pero también hay espacio para las malas noticias en el último informe de Amnistía. La gran preocupación sigue siendo China, el gigante asiático que amenaza la hegomonía económica de Estados Unidos, pero que sigue dando pocas muestras de avanzar hacia una sociedad homologable a las democracias occidentales. Y uno de los grandes lastres para que esto ocurra es la vigencia de la pena de muerte, que en 2008 terminó con la vida de 1.718 personas.

Las autoridades de Pekín no publica estadísticas al respecto. Tampoco ninguno de los seís países - Irán, Arabia Saudí, Paquistán e Irak- que tienen los índices más altos de ejecuciones, con la salvedad de Estados Unidos. Las cifras de estas naciones se hace en base a cálculos estimativos que Amnistía recoge gracias al testimonio de periodistas, grupos de derechos humanos o informes oficiales.

En África, Botswana y Sudán fueron los únicos países incluidos en la lista negra de Amnistía, que no se olvidó de suspender también a Liberia, que este año decidió ir a contracorriente y reinstaurar la pena capital para delitos de terrorismo, robo y secuestro.

 

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